En Altair, las rutinas cotidianas ayudan a los alumnos de Infantil a ganar seguridad, confianza y responsabilidad desde edades tempranas
Aprender a ponerse el babi, colgar la mochila, recoger los materiales, lavarse las manos, preparar el desayuno o buscar una tarea en el libro son pequeñas acciones que forman parte del día a día de los alumnos de Infantil en Altair. Detrás de cada una de ellas hay un aprendizaje importante: adquirir autonomía y aprender progresivamente a hacer las cosas por sí mismos.
Para Ana María Fernández Díaz, tutora de 4 años, comenzar a trabajar la autonomía desde edades tempranas es especialmente importante porque los niños se encuentran en un momento especialmente favorable para adquirirla. “El niño está más predispuesto a llegar de una manera natural a interiorizarla y hacerla suya”, explica.
La autonomía tiene además un impacto directo en su desarrollo. “El niño se siente capaz de hacer las cosas por sí mismo y, como consecuencia, será más feliz, siendo en un futuro adultos libres y responsables”, señala Ana María.
Pequeños hábitos que hacen crecer
El día a día del aula ofrece numerosas oportunidades para trabajar estos aprendizajes. Los alumnos colocan su mochila en la percha, se ponen el babi, utilizan el baño, buscan sus tareas, cuidan los materiales, recogen lo que utilizan, preparan su desayuno y se lavan las manos antes de comer o después del recreo.
En las aulas, cada material tiene su lugar y los alumnos participan en el establecimiento de las normas. “Se les plantean a ellos en la asamblea, las hablamos y les hacemos partícipes de ellas en todo momento”, explica Ana María.
También se fomenta la responsabilidad mediante pequeños encargos. Los alumnos pueden repartir materiales, apagar la luz al salir del aula o llevar un recado a otra profesora. En los cursos superiores de Infantil, estas responsabilidades se amplían y se convierten en encargos rotativos.
Para Sole Torres Feria, tutora de 5 años, la constancia es fundamental para que estas acciones dejen de ser simples órdenes y se conviertan en hábitos. “A través de la constancia y el refuerzo positivo los niños van asimilando que la conducta correcta va unida a una satisfacción por el logro conseguido”.
A medida que los alumnos adquieren autonomía, también aumenta su seguridad y su iniciativa. “Cuánto más autónomo sea el niño, mayor será su seguridad, confianza e iniciativa propia, porque se siente capaz de poder hacerlo”, explica Ana María.
Sole destaca además la alegría que produce en los niños descubrir que son capaces de resolver pequeñas situaciones por sí mismos: “La alegría que les produce realizar las distintas tareas por ellos mismos hace que quieran seguir resolviendo distintas situaciones con una seguridad y confianza en ellos mismos que les repercute en una autoestima firme”.
Este proceso se aprecia especialmente cuando se observa la evolución de los alumnos a lo largo de Infantil. Sole recuerda el caso de un niño que, cuando llegó a 3 años, no era capaz de pasar una hoja de su libro y que, dos años después, “tenía su carpeta perfectamente ordenada”.
El desarrollo de la autonomía no termina en el aula. Para ambas profesoras, la colaboración entre la familia y el colegio es fundamental para consolidar los aprendizajes.
“Hay que dejar que los niños hagan todo lo que sean capaces de hacer y lo que no sepan, enseñárselo”, aconseja Ana María. Sole añade una recomendación práctica: “A veces madrugar unos minutos antes permite que los niños puedan vestirse solos, dejar su desayuno recogido o preparar su mochila”.
La finalidad es que los niños vayan descubriendo progresivamente sus propias capacidades y aprendan a valerse por sí mismos. Un proceso cotidiano, hecho de pequeños pasos, que en Altair comienza desde los primeros años.
