Semana Santa desde Altair

Un escritor ruso contaba una pesadilla que había tenido. Es la trágica muerte de un caballo, víctima de la brutalidad de los hombres, contemplada además por un niño, y narrada con la profundidad de Fiodor Dostoievski.

A la puerta de una taberna hay un vulgar caballo amarrado a un enorme carro. No es un percherón, sino un miserable animal, viejo y flaco, sobre el que ya han llovido muchos golpes a lo largo de la vida. Sale del establecimiento el dueño –Mikolka- totalmente borracho, y con él una serie de individuos también ebrios. Mikolka se empeña en que se suba todo el mundo al carro. La gente se ríe ¿cómo va a llevarles con semejante penco?. Mikolka se siente herido por las burlas, e insiste: ¡Subid! ¡Iremos al galope! ¡Lo haré galopar! En efecto, se llena el carro de borrachos; otros se quedan abajo riendo. ¡Arre! Pero el animal apenas puede moverse: mueve las piernas en cortos pasos, jadea, se dobla bajo los golpes de los tres látigos que se abaten sobre él implacablemente.

El dueño se enfada cada vez más. Invita a más gente a que suba, y sigue descargando una lluvia de latigazos. Nos lleva a todos o lo mato. Todos se animan a golpear. Mikolka grita: ¡En los ojos, en los ojos! Como ya se ve que es inútil, saca del fondo del carro un varal y golpea al rocín con las dos manos. Éste sigue intentando avanzar un poco, pero no tiene fuerzas. Al final, deja Mikolka el varal en el suelo y arremete con una vara de hierro. Con todas sus fuerzas le propina un tremendo golpe en el espinazo, en plena columna vertebral. El animal cae al suelo despatarrado. Lo rematan a golpes entre todos: “El rocín alarga el morro, respira pesadamente y muere”. Así termina el relato.

Cuando consideramos la Pasión del Señor, hemos de pensar que no se trata de la muerte de un animal, sino de la brutalidad que se puede cometer, y se cometió, con el Hijo de Dios. Quizá sea la única Semana Santa de nuestra vida que vayamos a vivir en medio de tanto silencio. Lo que facilita mucho las cosas. Un silencio que –como nos decía el Papa hace unos días- facilita escuchar la voz y la vida de Cristo.

A partir del Domingo de Ramos recordamos, de un modo más intenso, el drama del Calvario. Es un recordatorio del amor de Dios por el hombre. Las procesiones nos ayudan a imaginarlo por fuera y el Evangelio nos muestra cómo vivirlo por dentro. Un Dios que por amor a nosotros se hace hombre, para morir crucificado por nuestra salvación. Meditar la Pasión del Señor siempre ha sido lo más recomendable para la vida de cada cristiano.

A las puertas de la Semana Santa, sin la túnica de nazareno, sin la bulla en las calles, sin la necesidad de mirar el tiempo que hará el Jueves o Viernes Santo…sí, vamos a vivir una Semana Santa especial.

Ésta es la situación, para todos es la misma: INALTERABLE, DEFINITIVA.

Todo depende de tu respuesta, y tienes dos opciones:

Opción A: Amargarse. Vivir la «no-Semana Santa»: no va a salir el Cachorro, no va a salir el Cerro, no voy a salir de casa, ¡qué horror!

Opción B: La carrera oficial se desvía un poco este año, pasa por mi casa. Y yo estoy en primera fila de todos los pasos. Entonces, te aseguro que todo cambia, y vives el Triduo Pascual más intenso de tu vida, con una enseñanza para cada día. Es una lección que te servirá para toda la vida.

El Jueves Santo aprenderé de Jesús a querer a los que tengo a mi alrededor, como Él me quiere a mí, y eso lo descubriré en la Misa.

El Viernes Santo aprenderé a sacar fruto de eso que me duele, como Tú hiciste en tu Pascua, y a perdonar lo que parece imperdonable.

El Domingo de Resurrección comprenderé que Jesús está vivo y que, con Él, todo saldrá bien, que la muerte y el fracaso no tienen la última palabra.

Estamos a las puertas de la Semana Santa de nuestra vida, y no dudes de que María, Virgen de los Dolores, está junto a ti.

¡Feliz Semana Santa! No es feliz porque veamos cómo muere Cristo, sino porque la Resurrección es el día más importante del año, y comienza una nueva vida. Como cuando acabe el coronavirus. Nos vemos a la vuelta.

Capellanía de Altair

Vía Crucis de San Josemaría Vía Crucis Sieger Koder

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