Entrevista con Román Calvo Jambrina, Jefe de Sección de Cardiología en el Virgen Macarena

«Altair me inculcó valores esenciales para mi desarrollo profesional y personal»

Pertenece a la promoción que comenzó 1º de EGB en Altair en el año 1975, cuando el colegio apenas tenía 8 años. ¿Qué recuerdos tiene de sus primeros cursos en Altair?

Así es, empecé en el colegio en 1º, con los años comprendí que éramos la primera promoción que había empezado la EGB en el colegio y eso era un orgullo para la promoción y para el propio centro.

Tengo muchos recuerdos de esos primeros años, de mi primer maestro, Juan García Murillo, y posteriormente Jesús Alonso del Real. De los compañeros de colegio, aquellos partidos de fútbol que ocupaban todos los recreos en un interminable Betis-Sevilla, en el que todos soñábamos con que D. Emilio, José Emilio del Pino, nos viera jugar y nos “fichara” para su equipo. Posteriormente otros maestros que dejaron huella imborrable como Nani o Josemi González, y tantos otros.

Sigo manteniendo el contacto con muchos compañeros de promoción y rara es la vez que, cuando nos reunimos, no surjan anécdotas de aquellos primeros años que compartimos en lo que seguimos llamando con orgullo “nuestro colegio”.

En Altair es clave la educación personalizada, ¿qué le ha aportado a su vida profesional y familiar haber estudiado aquí?

Qué duda cabe que los valores humanos y de sentido de responsabilidad, inculcados desde el inicio en Altair, han sido elementos esenciales en mi desarrollo profesional y en mi vida familiar. El respeto a la vida, el sentido de servicio a los demás, la responsabilidad para hacer las cosas lo mejor posible han sido claves en el desarrollo de mi profesión como médico.

En cuanto a mi desarrollo personal, los valores cristianos aprendidos desde el principio gracias a mis padres, y refrendados en el colegio, han jugado un papel fundamental para poder formar una familia. En este punto quiero destacar la suerte que he tenido de encontrar en mi vida a una mujer como la que tengo, con la que crecí desde joven, superando dificultades y formando una familia de la cual me siento completamente orgulloso.

¿Recuerda alguna anécdota de aquellos años?

Las anécdotas son múltiples, pero te contaré alguna de dos personas que sin duda dejaron huella entre los alumnos de esos primeros años de Altair.

El primero, D. Andrés Quijano, él me dio la primera comunión en el colegio, en el aula de dibujo, aún no estaba hecha la capilla central y el oratorio era un sitio muy bonito pero muy pequeño, así que se organizó una ceremonia en dicha aula. D. Andrés era una persona sensacional, ¿quién no lo recuerda con su camiseta del Athletic de Bilbao uniéndose a los partidos que se organizaban? Ya, al final de su vida, me reencontré con él; cada tarde se acercaba a la basílica de la Macarena, cerca de donde vivió sus últimos años, se sentaba en el confesionario y allí se pasaba las horas para quien lo necesitara. Al salir del hospital, muchas veces, me lo encontré y siempre terminábamos hablando de “nuestro colegio”.

Entrevista antiguo alumno Román Calvo Jambrina

La otra persona en la que personalizar alguna anécdota de aquellos primeros años en Altair es, sin duda, Luis Calvente, D. Luis como todos le llamábamos. Algo más, mucho más que un conserje. Nos reunía en el recreo para hacer concursos de Semana Santa, a ver quién acertaba más imágenes. También era antológica la proyección de diapositivas que hacía cada Cuaresma, acompañada de los versos del pregón de Rodríguez Buzón, mientras iba quemando incienso… fue sin duda clave en algunas de las aficiones que, con el tiempo, he desarrollado: la fotografía y mi cariño por la Semana Santa de Sevilla.

¿Qué profesores le han marcado más y por qué eligió estudiar Medicina?

Tuve la suerte de tener grandes profesores tanto en los años de la EGB como posteriormente en BUP y COU. Si tuviera que señalar algunos que influyeron en mi decisión profesional, sin duda me acordaría de mis profesores de ciencias, Francisco Medina (que hacía fascinante las clases de Biología), Francisco Guerra (uno de los mejores docentes que yo me he encontrado en toda mi carrera, el artífice de que muchos compañeros de la promoción optaran por la Química como su carrera profesional) y, por último, Eduardo Gentil y Jesús Rodríguez Lizano, profesores en COU de Matemáticas y Física, asignaturas todas ellas esenciales en el desarrollo posterior de mi carrera.

No querría olvidar a algunos profesionales del colegio que, aunque no fueron mis docentes, sí tuve con ellos una amistad que aún conservo y que de una forma u otra han influido en mi desarrollo personal y profesional, destacando especialmente a José Antonio Tejada y a Manuel Férriz, ambos muy queridos en mi casa y por mi familia.

Mi elección por la Medicina fue algo personal, yo iba desde pequeño con mi padre a recoger a mi madre al hospital Virgen Macarena, ya que ella era auxiliar de enfermería desde que abrió dicho centro. Ese contacto con el hospital, desde siempre, escuchar a mi madre hablar de los médicos, de las “operaciones”… hizo que me gustara una profesión en la que realmente no tenía referente cercano familiar como médico, pero con el tiempo y mirando hacia atrás creo que sí, que eso tuvo mucho que ver en mi elección.

¿Qué le diría a los alumnos de Altair que en un futuro van a estudiar Medicina?

Que es una profesión dura, todas lo son, pero esta tiene unas connotaciones distintas. Es dura no solo por la carga de trabajo y esfuerzo que requiere la carrera y la formación posterior, sino porque el desarrollo de la misma te hace estar en contacto con la enfermedad y los momentos malos de la vida de otras personas; pero es esto a la vez lo que la hace una profesión maravillosa. La alegría del paciente y de las familias cuando consigues que las cosas salgan hacia adelante, cuando se alivia el dolor… es una sensación reconfortante.

A los alumnos que están barajando realizar la carrera de Medicina, les diría que piensen de verdad si tienen esa vocación de ser médicos y que pongan todo el empeño y todas las horas de estudio necesarias para conseguirlo porque la satisfacción, si existe esa vocación de servicio y atención al paciente, está garantizada.

Su gran afición es la fotografía y le ha convertido en un fotógrafo de prestigio, ¿cómo le llega dicha afición? ¿Cuál fue su primera cámara?

La fotografía me ha gustado desde siempre, ya comentaba antes cómo personas como Luis Calvente influyeron sin duda en esta afición. Mi primera cámara me la regalaron unos tíos maternos en mi Primera Comunión, era una Kodak de formato cuadrado… Tengo un recuerdo grabado en mi memoria de mi primera salida a hacer fotografías con esa cámara al Parque de los Príncipes al día siguiente de tenerla. Pero realmente de la que guardo mis principales recuerdos es de la primera cámara que, unos años después, me regalaron mis padres, una Argus C3 electro, imposible de encontrar en la actualidad, que empezaba a incluir algún parámetro de medida electrónico y que me la encargaron en una tienda de la Plaza del Pan.

Hoy en día mi cámara se ha convertido en una compañera casi inseparable. Me sigue pareciendo increíble poder captar la luz y las formas y conservarlas en una fotografía que más tarde será una imagen de un recuerdo que podrás admirar y contemplar cada vez que quieras.

¿Va a participar en alguna exposición próximamente?

Sí, siempre hay en marcha cosas. Libros, artículos en periódicos, proyecciones… Próximamente voy a participar en una exposición en Heliópolis, que organiza la Asociación Fotográfica “Lucila” de Andalucía, de la cual soy miembro, junto a algunos de los mejores fotógrafos de la ciudad.

Esta Navidad pasada organizamos en la librería Verbo, junto a mi mujer, Toñi, y mi amigo Fernando Gabardón, una exposición con las fotografías de los Reyes Magos llegando en Globo a Sevilla y surcando la ciudad, tomadas el pasado año durante la pandemia, y que ha tenido gran éxito.

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