Miguel Ángel González Cagigal, vencedor de la Olimpiada Nacional de Teoría de Máquinas y Mecanismos

El pasado 15 de octubre nos llegaba la feliz noticia. Miguel Ángel González Cagigal, antiguo alumno (promoción 2000-2012) de Altair y hoy estudiante de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Sevilla, se alzaba con el triunfo en la Fase Nacional de la Olimpiada de Teoría de Máquinas y Mecanismos celebrada en Madrid. No es su primera medalla, ya que en 2013 también obtuvo un galardón en la Olimpiada Nacional de Química.

Para que nos contara su experiencia, nos atendió amablemente hace breves días en Altair, donde todos le felicitaban y le animaban a continuar este exitoso camino.

Antes de nada, te damos nuestra más sincera enhorabuena. ¿Cuáles han sido los pasos dados hasta obtener este reconocimiento en la Olimpiada Nacional?
Gracias por la felicitación. Todo empezó en mi Escuela, un buen día del curso pasado. En una de las pantallas informativas anunciaban la celebración de la Olimpiada de Teoría de Máquinas y Mecanismos. Yo ni siquiera cursaba esa asignatura, pero fui a informarme ya que tengo buenos recuerdos de las Olimpiadas. Hablé con la profesora, Rosario, quien nos animó a participar aunque no tuviéramos muchos conocimientos de ella. Y debo confesar que esta asignatura no me gusta. Se apuntaron bastantes alumnos, aunque solo podíamos asistir tres representando a la Escuela, los que sacaran mejor nota. Yo lo conseguí y durante este verano pasado me fui buscando apuntes y los exámenes de años anteriores. En octubre, al empezar este curso, Rosario volvió a preguntarnos si estábamos preparados, que ya teníamos la estancia y viaje pagados. Y nos fuimos a Madrid.

¿Cuántas Escuelas han participado en esta edición nacional?
En total seis, la anfitriona Universidad Carlos III llevaba dos equipos. El nivel era muy alto, pero lo hicimos estupendamente bien. Ganamos por equipos y yo obtuve el triunfo individual. Esto último es anecdótico, ya que si mi equipo no hubiera ganado, a pesar de mi nota, no nos hubiéramos clasificado a la fase internacional, que es el premio por vencer en esta Olimpiada. De todas formas el reglamento es muy coherente, ya que se cuenta con las dos mejores notas de cada equipo, descartándose la peor, y compensando así los resultados. Cabe también destacar que, gracias a nuestro triunfo, la próxima Fase Nacional de la Olimpiada se celebrará en nuestra Escuela de Ingeniería, aquí en Sevilla.

Para los que no conocemos estas materias, ¿en qué consiste esta Olimpiada y la propia asignatura?
La Teoría de Máquinas y Mecanismos, según mi profesora, supone construir con barras todo lo que puedas ver sin que se mueva dicha construcción. Yo siempre le digo que hemos hecho más cosas durante el curso, pero el resumen puede ser válido. En cuanto a las Olimpiadas, consiste en un examen de cuatro horas con cuatro problemas. La que hice en 2013 de Química tenía una prueba teórica y otra práctica, aquí solo teórica. También hemos asistido a muchas conferencias y han aprovechado para mostrarnos las excelencias de la Carlos III. Su parque tecnológico es espectacular, te permiten exponer tu proyecto y te dejan desarrollarlo como si fuera una incubadora empresarial, de hecho la palabra emprendedor sonó muchas veces.

¿Qué esperáis de la Fase Internacional?
Será en Madrid en la primavera del año que viene, la organización ha decidido que sea por primera vez en España. La de 2014 fue en Shangai y la de 2018 será en Buenos Aires, sinceramente me hubiera gustado conocer mundo… Entre nuestros rivales habrá escuelas de ingeniería de Argentina, China -con varios equipos-, Rusia, Italia o Francia. Por supuesto, todas las preguntas y respuestas serán en inglés, por lo que ahora nos tocará repasar los términos.

¿Qué se te vino a la cabeza cuando os dieron la noticia de que habíais ganado?
Fue algo muy curioso. Nosotros estábamos alojados en la sede de Leganés de la Universidad Carlos III, y el examen se celebró en la de Getafe, a unos cuantos kilómetros de distancia. A la hora de la comida, charlando con los compañeros y rivales, observábamos nuestra inexperiencia frente a ellos: muchos, con edades cercanas a los 30 años, nos hablaban de másteres y especialidades en la rama de máquinas, mientras yo les decía que estaba en la rama de electricidad y que la asignatura no me acababa de convencer. De repente, nos dicen que habíamos ganado, casi no me lo creía. Llamé a mis padres, a mi novia, a algunos amigos, muy contento por supuesto. Y por cierto, el regalo fue muy llamativo: un monopatín electrónico, con su propio mando, además de la placa conmemorativa.

Como bien has comentado, este no ha sido el primer reconocimiento en tu etapa estudiantil.
Efectivamente, todo empezó en 2º de Bachillerato con la ya comentada Olimpiada Nacional de Química, año en el que también mi compañero de promoción, Pablo Álamo, ganaba en la de Física. A partir de ahí el director, D. Javier Delgado, me animó a que me presentara al Premio Extraordinario de Bachillerato de la Universidad Pablo de Olavide, y me lo otorgaron también.

¿Qué consideras que te ha aportado Altair para lograr estos éxitos?
Estuve aquí 12 años, algo habrá tenido que ver… Siempre he tenido claro que en Altair buscan mejorarte como persona y como estudiante. Cuando me dieron el premio, le di las gracias a la Universidad de Sevilla pero no olvidé a mi Colegio. Algunos me preguntaron después, incluso sorprendidos, y les conté la verdad, todo lo bueno que tiene Altair. Le tengo un gran cariño a todos los profesores que me han enseñado casi todo lo que sé. Saben tus virtudes y tus errores, y pulen ambos, siempre te alientan. Ahora que estoy en la Universidad, veo cómo los profesores llegan, dan su clase, ponen su examen y ofrecen tutorías para resolver algo concreto, pero el trato ya no es tan humano, por supuesto.

¿Qué profesores te marcaron más?
Aunque no fuera de las asignaturas más vinculadas a mi carrera, siempre recordaré por encima de todos a D. Antonio Acosta, inolvidable dando sus clases. Por supuesto, como he dicho antes, a todos les tengo un cariño enorme. Yo tuve mucha suerte porque conté en 2º de Bachillerato con grandísimos profesores. No se lo envidio a ningún compañero, y mucho menos en Sevilla. D. Isidro Haro en Matemáticas, D. Francisco Guerra en Química, D. Francisco Sánchez en Inglés, D. Manuel Barrero en Dibujo… Fui muy bien preparado a la Universidad. Por cierto, me acaban de decir que mis apuntes de Historia todavía están dando vueltas por aquí…

Tú que lo has alcanzado, ¿podrías decirnos cuál es la clave del éxito?
Sin duda, tiene dos caras. La primera, que creo que tengo, es la chispa, moverte y estar despierto, buscarte la vida. No puedes esperar que el triunfo llegue a tu casa. Por eso vi el cartel en mi Escuela y me lancé. La otra cara es el trabajo, la constancia, que es lo más difícil. Tengo un compañero de promoción de Altair, que está conmigo en la Escuela, y es un auténtico martillo pilón. Lo envidio, a mí a veces eso me flaquea, debo reconocerlo.

¿Cuáles son tus proyectos a corto y medio plazo?
Este año estoy cursando 3º de Ingeniería Industrial, con dos asignaturas de 4º. Cuando termine, me gustaría hacer el Grado en Matemáticas, ya que me convalidan muchas asignaturas y me encantan las matemáticas. Además, en el curso 2017/18, si termino la Ingeniería como tengo pensado, empezaré el correspondiente Máster.

Entre clase y clase, y examen y examen, ¿qué te oxigena del estudio?
Hago deporte y me encanta salir a pasear y tomar algo. En cuanto a la lectura, me aficioné hace poco a los temas vinculados con la psicología, me atraen bastante. También leo novelas y veo bastantes películas.

Por tu experiencia, ¿qué consejos les darías a los alumnos de Altair y sus familias?
A los alumnos, que sean valientes y atrevidos. A mí no me gustan las máquinas ni la química, pero he participado con éxito en dos olimpiadas sobre estas materias, y ahí están los resultados. En cuanto a las familias, que guíen a sus hijos pero que dejen que cada uno marque su camino, sin que se les pierda, por supuesto. Hay que fomentar el criterio propio, veo a compañeros en la Escuela que dependen mucho de sus padres, y lo contrario, aquellos que se estrellan porque hacen lo que les da la gana.

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